He frecuentado con bastante asiduidad los espacios de la Biblioteca Pública del Zulia desde su inauguración en el año 2008. He disfrutado del confort y la camaradería que allí uno encuentra. En estas recurrentes mañanas de lluvia, he entrado a sus espacios con el pretexto de esperar que pase el chubasco y evitar el aguazal en las calles, y me refugio por horas en sus amigables mesones, en salas silenciosos, repletas de libros.
En la sala principal “María Calcaño”, veo muy cerca a la pared de cristal que colinda con el patio central, el retrato de nuestra bella poeta, que nació en esta ciudad el 12 de diciembre de 1906. Observo su imagen, corresponde a una mujer con ojos de almendra clara, pelo castaño en rulos y nívea tez. Parece una dama del norte de Europa, más que una maracaibera, como la describió Rincón González en su célebre danza. La presencia de María en ese icono resulta hermosa y misteriosa a la vez, es un enigma atrayente y grato.
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