
Astolfo Romero
La primera vez que vi a Astolfo Romero estaba bajándose de su auto, un Renault 12 de un color amarillo jaldado. Descendió de su carrito francés en el barrio 18 de octubre donde vivió muchos años, cuna de grandes gaiteros, sector que irónicamente fundaron en 1946 para rememorar el golpe contra el General Isaías Medina Angarita. El hombre que vi esa mañana tenía la tez clara, era bajo de estatura, con abundante cabello castaño, bigote y lentes bifocales, se desplazaba muy jovial por la acera de la escuela Monseñor Granadillo. Lo miraba casi con idolatría al igual que mis compañeros del grupo gaitero de la Cruz Roja del Zulia que acompañaban, era para nosotros un astro de la galaxia musical criolla, el líder más carismático del género pascuero. Para ese noviembre de 1975, él sólo tenía 25 años de edad y ya militaba en sus queridos Cardenales del Éxito, su divisa hogar, su marca y blasón, su maternal morada en la gaita.
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