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Menos mal que Laurita se durmió

Un fin de semana llegaron nuestros anfitriones en Mérida de visita a la Tierra del Sol Amada y no podíamos menos que retribuirles las atenciones. Los llevamos de paseo a los lugares turísticos e históricos de la ciudad, comimos patacones y arepitas de agüita e´ sapo; por supuesto, fuimos a la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Comenzamos –cual turistas- tomándonos fotos en la Plazoleta, haciendo tiempo para que terminara la misa y poder subir hasta el Altar, hablamos con los artesanos, compramos estampitas y collares. De allí fuimos caminando hasta el Monumento de la Virgen, conseguimos un guía que nos explicó toda la historia de la tablita; acto seguido logramos montarlos en el Tranvía de Maracaibo hasta el parque Vereda del Lago.

Regresamos nuevamente al centro, porque el objetivo era presentarles a nuestra China querida. En ese caminar, tomarnos fotos y rodar, Laurita no resistió el cansancio y producto del mismo calor marabino, se quedó dormida.

Sus padres nos pidieron que volviéramos otro día, porque su intención era que la pequeña Laura conociera la Chinita. Siendo así, nos fuimos a dormir. Al otro día, cuando bajó el sol, salimos nuevamente de paseo con la meta precisa: visitar a la Virgen antes de que Laurita se durmiera. Así fue, llegamos a la Basílica y para sorpresa nuestra no había nadie en la Iglesia, nuestros amigos felices tomándose fotos con la Reina Morena y nosotros sirviendo de guías describiendo la vehemente devoción mariana y el fervor religioso que se vive en el Zulia cada 18 de noviembre. Quedamos con la curiosidad de la ausencia de fieles, hasta que en la salida del Templo llamó nuestra atención un grupo de personas que con cánticos, velas y flores acompañaban nada menos que a la Virgen de Chiquinquirá en procesión, flanqueada por San Pío de Pietrelcina. La piel se nos erizó a todos, hablando de la devoción y ver a decenas de Servidores de María –de todas las edades- ataviados con sus uniformes blancos, viejitas con sus mantillas que me hicieron pensar en la cara de María Cárdenas, quien encontró la tablita; niños cantándole a la Virgen y las autoridades eclesiales desde el Arzobispo pasando por el Párroco hasta el último de los monaguillos; todos unidos un día 18 para celebrar un cumplemes de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Como marabina me sentí orgullosa, como cristiana emocionada y como seguidora de María llena del Espíritu Santo y de la atmósfera de paz que se vivía a las puertas de la Basílica; pero al mismo tiempo apenada por el desconocimiento de que todos los 18, de cada mes, de todo el año; sin importar el día de la semana que sea, la Chinita sale en procesión por las calles de su parroquia acompañada de la imagen de un santo diferente, pero con sus mismos hijos, quienes la veneran en noviembre y durante todo el año. Le hice le propósito a la Virgen de informar a mis amigos, conocidos y desconocidos que podemos acompañarla en procesión todos los días 18 de cada mes y siempre daré gracias porque aquel primer día, Laurita se durmió. Por: Katia Romero
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